Si tu proyecto de innovación no tiene dueño, ya fracasó

En LATAM hay algo que se repite con una precisión alarmante:

Todos quieren innovar.
Nadie quiere cargar con el peso de hacerlo.

Las empresas crean células, laboratorios, comités, squads, mesas transversales.

Pero cuando preguntas:

¿Quién responde por el resultado final?

La respuesta se vuelve difusa.

Y ahí empieza el fracaso.

La ilusión del trabajo colaborativo

La innovación necesita colaboración.
Pero no puede depender de consenso permanente.

Cuando un proyecto es “de todos”, ocurre algo predecible:

  • Nadie asume riesgo político.
  • Nadie toma decisiones impopulares.
  • Nadie defiende presupuesto cuando hay tensión.
  • Nadie responde cuando el cronograma se retrasa.

La colaboración sin liderazgo claro no es agilidad.
Es dilución de responsabilidad.

El error estructural más común

Muchos proyectos nacen así:

  • Sin una unidad claramente responsable.
  • Sin un líder con poder real de decisión.
  • Sin métricas vinculadas al desempeño.
  • Sin consecuencias organizacionales.

Se habla de impacto.
Pero no se vincula a resultados.

Se habla de transformación.
Pero no se altera la estructura de incentivos.

Eso no es arquitectura de ejecución.
Es entusiasmo administrativo.

La innovación exige gobierno

Un proyecto serio necesita:

  • Sponsor activo con poder real.
  • Líder operativo con autoridad transversal.
  • Roadmap aprobado formalmente.
  • KPIs vinculados a desempeño.
  • Ritmo de revisión disciplinado.

No es inspirador.
No es glamoroso.
No se ve bien en LinkedIn.

Pero funciona.

El piloto eterno

En LATAM existe una categoría peligrosa:

“El piloto permanente.”

Proyectos que nunca escalan.
Que se evalúan indefinidamente.
Que sobreviven en estado experimental hasta que pierden relevancia.

¿Por qué?

Porque escalar implica mover estructura.

Y mover estructura implica incomodar áreas consolidadas.

Entonces el piloto se convierte en zona segura.

La organización puede decir que está innovando…
sin alterar nada.

La pregunta que casi nadie hace

¿Este proyecto tiene un responsable con nombre y apellido que pueda perder reputación si fracasa?

Si la respuesta es no,
el proyecto no es estratégico.

Es decorativo.

La innovación no necesita más ideación.
Necesita arquitectura con consecuencias.

Y eso empieza por definir quién está dispuesto a responder por ella.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *