La mayoría de los proyectos de innovación en LATAM están condenados desde la primera reunión

No fracasan al final.
Fracasan en la definición inicial.

En muchas empresas, el proyecto de innovación comienza con entusiasmo y termina con frustración.
No por falta de talento.
No por falta de presupuesto.
Sino por falta de diseño estratégico.

El error original: empezar con ideas y no con estructura

La primera reunión suele girar alrededor de:

  • “¿Qué podríamos hacer?”
  • “¿Qué tendencias están funcionando?”
  • “¿Qué están haciendo nuestros competidores?”

Pocas veces la conversación comienza con:

  • ¿Qué problema estratégico estamos resolviendo?
  • ¿Qué impacto financiero esperamos?
  • ¿Qué unidad será responsable de ejecutarlo?
  • ¿Qué indicadores definirán éxito o cancelación?

Cuando el proyecto nace desde la inspiración y no desde la estructura, su destino es predecible.

El sponsor simbólico

Otro patrón común: el patrocinio superficial.

Un directivo respalda la iniciativa en discurso,
pero no la protege en decisiones reales.

Cuando aparecen tensiones con el presupuesto,
cuando compite contra prioridades operativas,
cuando exige cambios organizacionales,

el proyecto pierde respaldo.

La innovación sin sponsor activo no es un proyecto estratégico.
Es un experimento vulnerable.

Innovación sin accountability

En demasiadas empresas, la innovación es responsabilidad de todos.
Y cuando algo es responsabilidad de todos, en realidad no es responsabilidad de nadie.

No hay un dueño claro.
No hay consecuencias claras.
No hay seguimiento disciplinado.

Se celebran los avances iniciales,
pero no se establecen mecanismos de gobernanza.

Y entonces el proyecto se diluye.

Confundir creatividad con ejecución

Brainstorming no es estrategia.
Tener ideas no es tener dirección.

La ejecución exige:

  • Roadmap claro.
  • Recursos definidos.
  • Métricas específicas.
  • Cronograma realista.
  • Revisión constante.

Sin estos elementos, cualquier proyecto está destinado a quedarse en la fase piloto eterna.

La incomodidad de diseñar bien

Diseñar un proyecto de innovación con rigor es menos emocionante que idear.

Implica decir que no a muchas propuestas.
Implica priorizar.
Implica asignar responsables visibles.
Implica medir.

Y medir es incómodo porque expone resultados reales.

Pero sin ese diseño inicial, el fracaso no es una posibilidad.
Es una consecuencia lógica.

La innovación no muere por falta de talento en LATAM.
Muere por falta de arquitectura estratégica.

Si estás evaluando iniciar un proyecto de innovación, la pregunta no es qué hacer.

La pregunta es si estás dispuesto a diseñarlo con la disciplina necesaria para ejecutarlo.

Porque ahí es donde se define su futuro.

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